La OEA de Nicolás Maduro

OEA emite resolución sobre Venezuela

El Consejo Permanente de la OEA aprobó el viernes una resolución sobre Venezuela con 29 votos a favor y tres en contra.

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Por Raúl Peimbert

Houston, TX - Hoy en día, la desgracia que vive el pueblo venezolano parece estar muy distante para la gran mayoría de los gobernantes de América Latina y para organismos anquilosados, oxidados y anacrónicos como la OEA que lejos de defender la legalidad y la libertad de los pueblos, como lo marcan sus estatutos, se vuelven cómplices solidarios de “tiranos de quinta” que a todas luces y ante los ojos del mundo actúan impunemente contra las garantías básicas del ser humano.

Desde sus llamadas trincheras callejeras la población cansada de los altos índices de violencia, del desastre económico que ha traído consigo la inflación más alta de América Latina y un desabasto galopante en alimentos y medicinas, solo recibe a cambio opresión a través de balas, gases lacrimógenos y gritos incendiarios de un Nicolás Maduro que nunca, desde que heredo el poder, ha sabido lo que es una brújula.

Y no solo se acallan o tratan de acallar las voces de la población que con absoluta justificación protesta en las calles, también los medios de comunicación críticos siguen siendo víctimas permanentes del abuso de poder. Ahí está un Globovisión disminuido por la amenaza del gobierno y que al cabo del tiempo tuvo que ser entregado a empresarios afines al oficialismo para entonces sí, alterar o “reorientar” sus contenidos informativos para tener contentos a los habitantes de Miraflores.

Ahí están también infinidad de medios impresos sin posibilidad de subsistir ante una real o ficticia escases de papel periódico necesario para alimentar su tiraje, y qué decir de estaciones de radio y redes sociales cuyo burdo bloqueo se traduce, por lo obvio, en burla internacional contra los operadores tecnológicos del Chavismo e indignación y vergüenza para quienes aun creen en la democracia.

Pero sin duda, ante esta situación, lo más alarmante es el silencio que guardan muchos países del continente. En uno de sus recientes artículos, el escritor peruano y premio Nobel, Mario Vargas Llosa señala que: “Lo que es triste, aunque no sorprendente, es la soledad en la que los valientes venezolanos que ocupan las calles, están luchando por salvar a su país, y a toda América Latina, de una nueva satrapía comunista, sin recibir el apoyo que merecen de los países democráticos.”

Y nada más cierto, la red de apoyos económicos brindados por Hugo Chávez y ahora por su sucesor Nicolás Maduro a países como Argentina, Bolivia, Ecuador y Nicaragua compra por supuesto el silencio de sus respectivos mandatarios pero y el resto?

Baste decir que la acostumbrada tibieza diplomática característica de México, El Salvador y Honduras y la sorpresiva indecisión de Colombia en el seno de la Organización de las Naciones Unidas permitió la semana pasada a los países del ALBA, liderados por Bolivia, declarar “secreta” la sesión de este organismo internacional en la que habría de analizarse la crítica situación de Venezuela.

Solo Perú, Panamá, Estados Unidos y Canadá objetaron pero su voto fue insuficiente para impedir realizar en lo “oscurito” esta sesión en la que, con sobradas razones,  bien podría haberse emitido una resolución condenatoria contra el gobierno Chavista.

A cambio la OEA, como era de esperarse, expresó su apoyo al Gobierno Venezolano y nunca se pronunció por la grave situación existente en ese país, nunca exigió un dialogo verdadero,  transparente y tolerante con la oposición, nunca exigió la liberación de presos de conciencia, nunca exigió respeto a la libertad de expresión ni mucho menos un alto a las agresiones militares y de grupos gubernamentales en contra de la población.

Sin duda el continente vive los tiempos de una OEA entregada a Nicolás Maduro.